La Capital Verde de Valencia: de ejemplo europeo a echar raíces que mejoran una ciudad
Valencia, 5 jun (EFE).- La Capitalidad Verde Europea que ostenta Valencia en 2024 debe ser aprovechada para dejar una impronta de mejora del entorno urbano en aspectos como la mitigación de...
Valencia, 5 jun (EFE).- La Capitalidad Verde Europea que ostenta Valencia en 2024 debe ser aprovechada para dejar una impronta de mejora del entorno urbano en aspectos como la mitigación del cambio climático, una infraestructura verde continua o la democratización de soluciones basadas en la naturaleza.
Expertos consultados por EFE coinciden en que Valencia tiene que aprovechar este distintivo y servir de excusa o marco perfecto para seguir evolucionando en el reto de neutralidad climática en 2050 sin dejar a nadie atrás en una ciudad mediterránea que sufre estrés térmico.
La distinción europea es un reconocimiento y también de cara al futuro debe ser un modelo dentro de las ciudades verdes, tradicionalmente situadas al norte de Europa, de edificación abierta, menos densa y que combinan muy bien la estructura verde con la edificación, y con climas que favorecen la infraestructura verde.
"Valencia es naranja, es marrón, y está afrontando las consecuencias del cambio climático" pero a la vez tiene puntos fuertes: su trama de huerta al norte y al sur de la ciudad, que también funciona de despensa; el cauce del río Turia que se ganó gracias a los movimientos ciudadanos como eje lineal curvado; y la posibilidad de ir haciéndola verde en la microescala y en movilidad sostenible, según la vicerrectora de Desarrollo Sostenible de los campus de la Universitat Politècnica de Valencia, Débora Domingo.
Coincidiendo con el Día Mundial del Medio Ambiente este 5 de junio, la profesora del departamento de Composición Arquitectónica de la Escuela de Arquitectura de la UPV Nuria Matarredona, experta en agenda urbana, asegura que la capital verde sirve para poner en evidencia que una ciudad camina en políticas públicas que son baluarte de sensibilización con lo medioambiental y cierta proactividad para mejorar el entorno urbano en una transición ecológica justa.
A modo de ejemplo, cita el parque lineal del cauce del río, que ha cambiado el modo de vida de las personas y es un ejemplo de lo que significa ser una capital verde: apostar por infraestructuras verdes y soluciones basadas en la naturaleza, porque invertir en ello acaba siendo determinante en una vida mejor de los ciudadanos.
En los últimos años se ha trabajado en renaturalización, zonas de bajas emisiones, en el plan "ciudad de plazas", unas ideas que nos aproximan al concepto de ciudad 15 minutos, caminable y saludable.
Cita la regla 3-30-300, por la que cada ciudadano pueda ver al menos tres árboles desde su casa, tener un 30 % de cobertura vegetal en su barrio y no vivir a más de 300 metros del parque o espacio verde más cercano, que tiene un impacto muy beneficioso para la persona. Por eso, señala que tener presente este tipo de conceptos cuando se diseñan políticas públicas es crucial.
En la parte privada de lo que cada uno puede hacer, estarían iniciativas como patios interiores de manzanas de edificios que fueran micropulmones para el vecindario.
Por su parte, la vicerrectora, que formó parte de la candidatura de Valencia, ha explicado que el campus es ahora mismo un lugar de experimentación de proyectos que pueden ser escalados y replicados y tiene varias pruebas en marcha (estaciones meteorológicas para medir la calidad del aire, una instalación fotovoltaica, la sensorización de radares de tráfico o un edificio completamente monitorizado para consumos de agua y energía en el Aulario de la Escuela de Industriales que implica al usuario).
Las políticas públicas han de continuar para que la capitalidad deje en Valencia una huella al modo en que lo hizo Vitoria, Capital Verde Europea en 2012, con su anillo verde que rodea toda la ciudad.
Desde el Colegio de Arquitectura de Valencia, apuntan a la existencia de materiales sostenibles como los pavimentos filtrantes que convierten el suelo en espacios más permeables que controlan las lluvias torrenciales en climas mediterráneos como una de las soluciones de los enfoques de sostenibilidad.
Marina Bernardo, vocal de Sostenibilidad del Colegio de Arquitectos, indica que son un ejemplo de que un urbanismo respetuoso con el entorno, el planeta y que ponga a las personas en el centro puede mitigar los efectos del cambio climático.
La presidenta del Colegio de Arquitectos de Valencia, Marina Sender, señala que los procesos de intervención en el urbanismo son desarrollos a largo plazo y son importantes tanto los grandes proyectos como los pequeños en barrios y pedanías que, aprovechando su menor tamaño, pueden servir de prueba de innovaciones. EFE.
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