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Con Milei, las rutas nacionales de La Rioja se vuelven una trampa mortal: solo el 34% está en buen estado

Más del 60% de los caminos nacionales están en condiciones regulares o malas.

Con Milei, las rutas nacionales de La Rioja se vuelven una trampa mortal: solo el 34% está en buen estado

Más del 60% de los caminos nacionales están en condiciones regulares o malas.

El relato del “Estado ausente” que impulsa el presidente Javier Milei empieza a mostrar sus consecuencias más concretas y peligrosas en el interior del país. En La Rioja, circular por una ruta nacional es hoy un riesgo cotidiano, producto del abandono, el ajuste y la paralización casi total del mantenimiento vial.

Un informe técnico de la Federación del Personal de Vialidad Nacional (FEPEVINA) revela que apenas el 34% de las rutas nacionales que atraviesan la provincia se encuentra en buen estado, mientras que el 66% restante presenta condiciones regulares o directamente malas. No se trata de estadísticas frías: son kilómetros de asfalto deteriorado que ponen en juego vidas humanas.

El relevamiento se basa en el Índice de Estado (IE) de pavimentos de la Dirección Nacional de Vialidad. En el caso de La Rioja, los datos exponen una red vial castigada por años de desinversión, pero agravada en el último año por una decisión política clara del Gobierno nacional: recortar fondos, paralizar contratos y desmantelar Vialidad Nacional.

Baches profundos, deformaciones, pérdida de adherencia y señalización deficiente ya no son excepciones, sino la regla. No es falta de diagnósticos, es falta de voluntad política. La mayoría de los tramos requiere rehabilitación estructural urgente, algo imposible bajo el esquema de ajuste que impulsa Milei.

La Rioja, entre las más castigadas del país

De los 1.893 kilómetros de rutas nacionales evaluados en la provincia —el 90% de la red— solo 585 kilómetros fueron calificados como “buenos”. El resto quedó en categorías que, en términos de seguridad vial, equivalen a riesgo permanente.

La Rioja se ubica muy por debajo del promedio nacional, que ronda el 47%, y entre las provincias con peores indicadores del país. Mientras distritos más favorecidos superan el 60% de rutas en buen estado, en el interior profundo el ajuste se traduce en caminos rotos y aislamiento.

Durante el último año, los trabajos sobre rutas nacionales en La Rioja fueron mínimos y reactivos, concentrados en emergencias climáticas o tareas menores. No hubo un plan integral de mantenimiento, y mucho menos obras de fondo.

Especialistas advierten que cada peso que no se invierte hoy en mantenimiento se paga mañana con accidentes, víctimas fatales y costos mucho más altos. Sin embargo, el Gobierno nacional eligió otro camino: recortar el presupuesto, subejecutar fondos del Impuesto a los Combustibles y despedir más de 800 técnicos de Vialidad Nacional.

FEPEVINA advierte que entre el 65% y el 70% de la red vial nacional está hoy en condiciones regulares o malas. Desde 2023, se paralizaron contratos de rehabilitación y se frenaron obras ya licitadas. Todo en nombre del ajuste fiscal que el presidente Milei exhibe como bandera, aunque el costo lo pagan los usuarios de las rutas.

Incluso fuentes libertarias reconocen que en La Rioja solo se ejecutaron dos obras de envergadura en dos décadas, una en la Ruta 40 (Cuesta de Miranda) y otra entre Los Colorados y Chilecito que nunca se terminó. La gestión actual no solo no revirtió esa situación, sino que la profundizó.

Desde Vialidad Nacional en La Rioja admiten que trabajan en modo emergencia desde diciembre, con despejes, limpieza de alcantarillas y corte de pasto. Parches frente a un problema estructural, sin anuncios de obras de rehabilitación que mejoren realmente la seguridad vial.

Mientras tanto, miles de riojanos transitan a diario rutas deterioradas para trabajar, estudiar o producir, expuestos a accidentes evitables.

En paralelo, el Gobierno de Milei avanza con la privatización de rutas nacionales, con concesiones hasta 2046, regreso de peajes y negocios privados sobre los corredores más rentables. El modelo deja una pregunta incómoda: ¿qué pasará con provincias como La Rioja, donde las rutas están destruidas y no son negocio?

El riesgo es claro: rutas abandonadas hoy, concesiones selectivas mañana y un interior cada vez más postergado. La motosierra no distingue entre gasto superfluo y políticas públicas esenciales. En La Rioja, el ajuste ya se siente sobre el asfalto.

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